Ruta por los despoblados del Geoparque: La Avellaneda

Entrada al despoblado de La Avellaneda

La Avellaneda es uno de los poblados abandonados del territorio que abarca el Geoparque Villuercas-Ibores-Jara. Está localizado en un enclave privilegiado, a orillas del río Ibor y a unos nueve kilómetros de Castañar de Ibor, justo la localidad desde la que iniciamos la ruta senderista. Éste post es el primero que dedicaré a los despoblados del Geoparque extremeño.

Caude del río Ibor, a su paso por La Avellaneda en Castañar de Ibor
Río Ibor, cerca de La Avellaneda

Salimos de Castañar de Ibor temprano porque nuestro objetivo es recorrer los 9 kilómetros que hay hasta La Avellaneda y volver. Si no se quiere hacer una ruta tan larga, otra opción es ir en coche desde el pueblo hasta el río, aparcar donde no se moleste y comenzar a caminar por el camino que sigue el curso del Ibor hacia el norte. Una tercera opción es salir desde Fresnedoso de Ibor, a unos 5 kilómetros al oeste del poblado.

Esta ruta es un pequeño trayecto del llamado “Camino de los Jerónimos“, que unía Guadalupe con el monasterio de Yuste.

La ruta sólo tiene la dificultad de la distancia que queramos hacer.

Todo el camino está en muy buen estado, también para cualquier vehículo si no hay barro. Durante el trayecto a La Avellaneda podremos disfrutar del sonido de las aguas cristalinas del río corriendo hacia su desembocadura del Tajo y podremos ver alcornoques, olivos, robles, alisos y algunos castaños.

Si lo único que se quiere es visitar La Avellaneda, para llegar en coche lo mejor es coger la carretera Ex-118 y tomar un camino parcialmente asfaltado a la izquierda entre Castañar de Ibor y Bohonal de Ibor.

Un poco de historia de La Avellaneda

El motivo del abandono de La Avellaneda no tiene nada que ver con el actual problema de despoblación del mundo rural. El éxodo de sus ciudadanos tuvo lugar en el siglo XVIII. Una leyenda dice que su cierre se debió a una plaga de terminas; aunque se barajan otros factores más probables como la dificultad del poblado para crecer por la orografía y el despegue de otros pueblos como Castañar de Ibor y Navalvillar de Ibor, más próximos a Guadalupe, el gran centro religioso, cultural, intelectual y motor económico de la zona entre los siglos XV y XVI.

La Avellaneda es hoy un poblado que combina casas derruidas con otras rehabilitadas por los vecinos de Castañar de Ibor para pasar unos días de campo. Es un lugar muy valorado por los castañeros, ya que en su iglesia (ahora restaurada) se encontró el Cristo de La Avellaneda, una talla antiquísima y muy venerada que trasladan hasta allí desde Castañar cada mes de mayo para celebrar una romería en su nombre.

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